Desde niños escuchamos la frase “del odio al amor hay solo un paso”… y hoy entendemos cuánta verdad habita en esas palabras.
En nuestros momentos más solitarios, cuando menos buscábamos el amor, fue cuando el destino decidió encontrarnos. Aún no sabemos en qué instante exacto comenzó a nacer algo tan bonito, pero sí sabemos que, sin darnos cuenta, se transformó
en un amor profundo, sincero y eterno.
Entre miles de probabilidades en nuestra rutina diaria, todo tuvo que alinearse de manera perfecta para que lo nuestro fuera único y especial. Como si la vida, con paciencia, hubiera preparado cada paso hasta llevarnos el uno al otro.
Hoy, después de tantos años compartiéndolo todo —risas, aprendizajes, silencios y sueños—, tomamos la decisión más importante de nuestras vidas: elegirnos todos los días, para siempre, y caminar juntos el resto de nuestros días.